viernes, 7 de agosto de 2015

IDOLATRAR






-Fue culpa mía.

-¿De que estás hablando? Pero si fue el quién...
-Eso da igual, fue culpa mía.
-¿Por qué?
-Le idolatré. 
-¿Co...cómo dices?
-Que le idolatré. ¿Quieres un consejo de esos de los que a pesar de lo que te cuente nunca usarás? Jamás idolatres a nadie.

Idolatrar. Esa es la palabra más peligrosa que existe. Jamás idolatres a nadie. Si quieres seguir siendo estable emocionalmente, escúchame bien: No lo hagas. Porque si lo haces caerás a un precipicio de difícil retorno. Y créeme, no te gustará.

Y si no me crees haz un ejercicio de memoria. ¿Cuántas veces has dicho eso de "me ha decepcionado? Demasiadas. ¿Verdad? Pues déjame que te diga que ese sentimiento nunca fue culpa  de la persona dueña de tus lamentos, la culpa fue tuya.

En algún momento en lugar de aceptar, elegiste idolatrar. Y ese día cavaste tu propia tumba. Piénsalo: Esa persona no cambió. Simplemente nunca fue como la veías. Fuiste tu quién, consciente- o inconscientemente- puso palabras e intenciones que anhelabas en  los versos que recitaba al dirigirse a ti.

¿A que nunca te dijo que te quería? Si lo piensas con calma verás que aquellos dardos tan sólo eran la respuesta a una pregunta que siempre parecías exigirle para que todo fuese bien. O tal vez ni eso. Tal vez nunca te lo dijo pero tu dibujaste ese amor en mil idiomas en cada uno de sus actos, porque según tu, esos actos demostraban que te quería...

Por no hablar de sus defectos. Siempre estuvieron ahí. ¿O que crees? ¿Que un día al despertarse los trajo consigo tras una jugarreta de Morfeo? Él ya era todo lo que ahora no te gusta. El problema es que en lugar de tratar de conocerle y aceptarle cómo era decidiste cambiarle.

 Si, vale, nunca se lo pediste. Pero... ¿Que pasa con todas las cosas que nunca ha sido y que tu veías en él? No te engañó, no fingía para gustarte. Fuiste tu quién le cosió rasgos que no tenía para crear al ser que anhelabas. Por no hablar de todo lo que disculpaste mirando hacia otro lado mientras susurrabas: "Ya cambiará cuando llevemos más tiempo juntos". CAMBIAR. Como si fueses un ser divino digno de que las personas modifiquen su vida a tu paso. Aprende esto cuanto antes: Nadie debe cambiar por nadie.

Creaste ante tus ojos a un ser perfecto, y fue ese ser de quién te enamoraste. O mejor dicho a quién idolatraste. Por eso ahora no reconoces a quién había detrás de tu castillo de naipes. Nunca le conociste, nunca le aceptaste y por tanto, ahora ya no sabes cómo quererle así.

Él no sólo no existía tal como le veías sino que además le idolatraste. Decidiste que tenía que ser perfecto sin darle opción a equívocos, confusiones y cambios de opinión. Sin pararte a pensar en lo injusto que era eso. Ahora te has caído de esa nube y el golpe ha sido devastador. Y lo que lo  hace todo menos llevadero, es que ha sido culpa tuya.

Aprende a conocer, a aceptar y a amar, en lugar de a idolatrar. No olvides que hasta la persona más maravillosa del mundo se equivocará y  te hará daño. Porque las personas no somos ni ángeles ni demonios. Ya lo dice el refrán: "Así es la vida. A veces somos el cuchillo y otras la herida". Pero eso es algo para otro día.








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