miércoles, 17 de diciembre de 2014

NO SOY UNA BUENA PERSONA

No soy buena persona. Al menos eso pude ver en sus ojos esta tarde cuando me miraban acusadores. Taladrándome. Supongo que esperaban que llorase y que me fallasen las piernas cuando el enterrador cubriera para siempre el hueco que albergaba su ataúd. Pero no podía llorar. Por eso me acuchillaban con la mirada. Casi podía leer en sus ojos ¿Qué demonios pasa contigo? 

Demonios. Eso tengo yo en mi interior. Demonios perdidos entre sombras, ocultos bajo una capa de cemento en forma de hostilidad. Hostilidad. Eso creen que me pasa. Casi les oigo susurrar "Siempre fue una desagradecida" ,"Siempre tan seria, tan hosca..." ,"No venía por aquí, no le quería". 

¿Y ellos que saben? No creo que sepan  que se siente cuando muere alguien que odias. No saben lo que es ir a su funeral solo para asegurarte de que es cierto.  Quedarte petrificada mirando la vitrina y no sentir pena. Que no te caiga ni una lagrima cuando a ojos de los demás deberías ser la que más estuviese llorando. Al fin y al cabo, todo el mundo llora por la muerte de su padre. ¿No?

Si, es mi padre, pero no puedo llorar. A lo mejor mi terapeuta tiene razón y no le he perdonado, o a lo mejor es que me dejó sin lágrimas. Igual acabé con las existencias de mi lagrimal cuando me freía a patadas, será eso. Nunca fue fácil aparentar que no dolía cuando lo hacía, a veces lloraba antes de que empezara, oía el tintineo de sus llaves y mi mentón empezaba a temblar mientras era surcado por dos lágrimas de aviso.

Ellos, los amigos y familiares lejanos si están llorando. Claro, ellos eran ante los que fingía ser una niña feliz cuando estaban delante. Nunca se enteraron de las amenazas para que no hablara, ni de los golpes que la acompañaban vaticinando lo que vendría después si se me ocurría hablar. Así que fingía,los dos lo hacíamos. Cuando teníamos público, eramos la familia perfecta. Aún recuerdo como nos felicitaban por lo bien que nos habíamos acostumbrado al cambio. Con el cambio se referían a mamá. Nos dejó demasiado pronto. Un día salió a la calle y un coche la atropelló. Inconscientemente siempre sentí que me había abandonado. Supongo que algo me decía que ella al fin era feliz y yo no. A lo mejor fue ahí cuando deje de ser una buena persona.

Creí que siempre sería así, el infierno y el cielo, casi me había acostumbrado a la mentira. Pero estaba equivocada, las cosas fueron a peor. Crecí. A mi maldito organismo no se le ocurrió parar mi crecimiento, decidió que sería como todas las chicas y que crecería. Y crecí. Y empezó a visitar mi cama por las noches. Y ahí descubrí que el infierno siempre puede ser peor.

Un día me marché. Y a los ojos del mundo me convertí en la hija desagradecida que abandonaba a su padre. Ahora había muerto solo y todos me miraban pensando que yo debía haber estado ahí. Y para colmo no he llorado. Por eso sus ojos me gritan "No eres una buena persona". Y casi me rebelo. Casi.

Pero a estas altura la verdad no va a hacerme libre,ni mejor, ni más feliz. Así que lo dejamos así. "No soy una buena persona".




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