viernes, 8 de agosto de 2008

Silencio

Desde hace más de cinco años, todos los días a las seis de la tarde, hago el mismo ritual, me quedo callada, en silencio, durante diez largos minutos. Diez minutos en los que la palabra silencio pierde todo su significado, porque sin apenas darme cuenta empiezo a oir el motor de los coches, la televisión que alguien dejo encendida en el salón, las risas de los niños jugando en la calle, las voces de alarma de una madre, que advierte a su hijo de que viene un coche por la carretera, siempre igual, y me gusta, me gusta oir sonidos que me atrapan y durante un rato me absorben de mi realidad.

Hasta que un día todo fue diferente.

A las seis de la tarde, como cada día, me quede en el más absoluto de los silencios, pero ese día no se oía nada, no habían coches, nadie veía la televisión, los niños no jugaban en la calle por lo conscuente tampoco había madres alarmadas por el coche que venía, aquello no era normal, no se oia nada de nada,
me angustié, decidí que dar una vuelta sería lo mejor, y me soprendí al no hallar a nadie en casa, asi que dejé una nota y salí, y el panorama que me esperaba no era mucho mejor, más bien desolador.

En las calles no había nadie, no pasaban coches, no habían niños jugando, no pasaban adolescentes insoportables con el ruido ensordecedor de sus motos, tampoco había ningun animal suelto, ni ancianos paseando contandoles batallatitas de sus nietos, no había nada, solo el paisaje y yo.

Estaba sola, aquello cada vez me gustaba menos,
asi que decidí volver a casa con la esperanza de que hubiese llegao alguien, pero allí tampoco había nadie, angustiada opté por llamar a la única persona capaz de hacer que olvidara todo, entonces me percaté de que los telefonos tampoco funcionaban, ni la televisión, ni los interruptores...

Me asusté tanto que salí corriendo de casa otra vez, corrí y corrí como si la vida me fuese en ello, hasta que poco a poco mis piernas empezaron a fallar, y de pronto me caí, caía, caía y caía, parecía que el suelo nunca llegaba...hasta que de pronto caí de golpe sobre el suelo, abrí los ojos y me asusté, a que aquello no era mi ciudad, bueno para ser más exactos no creo que fuese ninguna ciudad que pudiese estar habitada por seres humanos...

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