domingo, 2 de noviembre de 2014

PESADILLAS...

Me sentía un gusano de seda, amarrada a mi cama mientras se teje el capullo, sentía como si desde los pies a la cabeza una membrana resistente me estuviese envolviendo, atrapándome e impidiéndome respirar. Solo que tenía la certeza de que el capullo no se vaciaría que no me convertiría en mariposa y que iba quedarme para siempre atrapada entre sus hilos de seda interconectados como una tela de araña.

Y quería hacerlo, quería ser mariposa, quería despertar porque estaba aterrorizada de las reproducciones de mi sueño, quería que alguien me acariciara como yo acariciaba a los gusanos de seda cuando era pequeña, que jugara conmigo y que su temblorosa mano llena de excitación e irradiando inocencia por los cuatro costados calmara mi animo, quería oír una vocecilla que me calmara y dijera que solo era un sueño, que todo iba a estar bien al despertar...Pero no había nada de eso, solo un hilo enmarañado que con cada puntada conseguía debilitarme un poco más y enviarme al fondo del abismo, de un abismo que no parecía tener fin.

Y me desperté, pero nada estaba bien, no, no me desperté convertida en una mariposa llena de vida, si no en la sombra de un espectro, un espectro que solo quería abrazarse a sus rodillas todo el día, hacerse una bola, esconder la cabeza y poco a poco desaparecer.

Y es en ese momento cuando me doy cuenta de que las pesadillas no se terminan cuando abres los ojos, todo lo contrario, sus proyecciones pueden acompañarte durante todo el día, proyectándose como una película una y otra vez en tu cabeza, y es curioso como se puede sobrevivir a un constante estado de pánico, a esa sensación que esta permanentemente ahogándote en el pecho...

Me sentía un gusano de seda, atrapada en el capullo, durante la pesadilla y tras ella.



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