jueves, 5 de febrero de 2015

NO SOY UNA BUENA PERSONA-FINAL

Oli ha muerto. Casi parece un sueño al pensarlo,tengo que decirlo en voz alta para hacerme a la idea. Cuando sonó el teléfono y llegó la triste noticia casi parecía una broma macabra, pero no lo era. Y el gélido frío acariciando mi rostro mientras el enterrador prepara la masilla para tapar el agujero que cubre su ataúd lo corroboran.

Recuerdo que llovía cuando me llamaron y que llovió durante todo el tiempo dedicado a velar su cuerpo, ahora un cielo encapotado nos acompaña y un frío casi helado nos congela los huesos mientras la despedimos. Es curioso, en una ciudad en la que nunca llueve, el tiempo se ha teñido de oscuro para su muerte, quizá porque ella era así, oscura. Y este tiempo es tan solo una manera de homenajearla, o de recordarla.

Es difícil imaginar que ya no podremos azuzarla cuando la veamos mirando constantemente al vacío, que ya no haremos cabalas de su pasado, de ese pasado del que parecía que había huido y dejado atrás pero al que siempre ella miraba, como si fuera una mochila de cemento enroscada a su espalda. Ya no fingiremos creerla cuando nos diga que está bien. Ni será necesario mordernos la lengua para evitar decirle que sabemos que nos miente.

Pero...¿Como iba a mentirnos si nunca le preguntábamos? Nunca le insistimos en serio, supongo que una parte de nosotras tenía miedo de su mirada. De esos ojos que siempre parecían mirar atrás. Y lo de atrás, lo oculto, nos asustaba. En realidad no debería ser una excusa, pero es la única que se me ocurre para tratar de perdonarme.

Una parte de mí se cuenta a si misma que Oli sabía que podía contarnos lo que fuese, que la apoyaríamos y que si no lo hizo, solo ella sabe por qué. La otra me dice que tendríamos que haber sabido que algo pasaba y haber estado ahí para ella. Y que como no lo hicimos, esto es culpa nuestra. Esta parte está ganando. 

Resulta irónico pensar que me pasé media vida haciendo cábalas sobre que le había ocurrido, ahora creo que me pasaré la otra media tratando de averiguar por qué se ha cortado las venas, por qué creía que el suicido era la única salida. Y lo más irónico de todo es que sé que es la misma respuesta para ambas preguntas y que ya nunca lo sabré.

Supongo que con el tiempo olvidaré las dudas que me causaba y trataré de rescatar una imagen nítida de ella sonriendo, esperanzada ante algo nuevo. Es así como quiero recordarla. Sonriendo. No era algo habitual en ella,por eso era algo tan especial verla hacerlo. 

Es así como merece ser recordada. Merece que cuando pasen los años y hablen de ella nadie hable de ese halo de misterio y oscuridad que siempre acarreaba consigo, si no de su bondad y ternura, de su corazón y que el legado sea "Era una buena persona". No creo que ella lo supiese, pero lo era, quizá por eso me parece tan importante recordarla así.

Aún así, siempre llevaré su muerte conmigo. Siempre me quedará la duda de que habría pasado si hubiese hecho algo mientras seguía con vida. Ahora solo me queda desearle que, esté donde esté, encuentre al fin la paz que nunca encontró entre nosotros. 






6 comentarios:

Ibrahim Friedkin dijo...

Sin duda el que más me ha gustado de todos. Ha sido perfecto de principio a fin.

Magda Bastida dijo...

Gracias Ibra. Todo un honor para mi que te guste

José Antonio del Pozo dijo...

Muy bien, Magda, me gusta sobre todo el tono, entre certero y sentimental, cálido y distanciado a la vez, bien medido, que has conseguido en quien nos cuenta y que has sabido mantenerlo todo el tiempo. Y también esa forma indirecta de hablarnos de Oli, de su misterio y de su pena. Enhorabuena.

Magda Bastida dijo...

Muchas Gracias José Antonio, fiel lector de la historia, me alegro de que te haya gustado en conjunto. Un abrazo

Daniel velarde ruiz dijo...

Luego dices que no....simplemente genial,cuanto sentimiento....

Magda Bastida dijo...

Gracias Daniel.

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